Otra Vuelta de Tuerca
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El aspecto que distingue a "Otra vuelta de tuerca" y la convierte en la historia de fantasmas que marca un antes y un después en dicho género es la posibilidad de la doble lectura y la forma ambivalente en que fue ideada y escrita. La posibilidad de la existencia en sí de fantasmas en la historia puede ser interpretada de por lo menos dos formas diferentes.
El elemento que brinda esta ambivalencia de lecturas es la institutriz (traducido como "la que manda" "preceptora") quien precisamente "nos conduce" hacia y dentro de la historia. Es menester comprender que la historia no sería posible de no ser por la institutriz única voz narradora (a excepción del inicio de la novela) mediante la cual podemos conocer los hechos desde su único punto de vista e interpretación. Es la institutriz la que narra los hechos la que nos convence (o no) de las apariciones y de alguna manera la que las crea de la nada.
Llegados a este punto los fantasmas ¿existen se manifiestan existen dentro o fuera de la cabeza de la institutriz no existen? La respuesta sería afirmativa y negativa a la vez.
Todo el relato son los vericuetos mentales de la institutriz todo lo que ella experimenta siente y reflexiona. Si nos guiamos por el relato de la protagonista los fantasmas aparecen y desaparecen en la casa. Guiándonos por la única voz narrativa que tenemos (la de la institutriz) concluiríamos a simple vista que los fantasmas existen de cualquier manera dentro y fuera de ella. La institutriz ve las apariciones y no duda en suponer y afirmar que el resto de los personajes (los niños y el ama de llaves) también están al tanto de las apariciones pero por represiones y trastornos emocionales intentan disimular su angustia interna. La institutriz en resumen supone que los niños saben de los fantasmas los ven pero quieren convencerla a ella de que no ven nada.
Paralelamente a esto y realizando "otra vuelta de tuerca" podemos decir que los fantasmas no existen fuera sino que existen solamente dentro de la cabeza atormentada de la institutriz. Serían según esta forma de lectura un mero producto de la imaginación de la mujer. Esta supone equivocadamente (según esta posible interpretación) que los niños ven y saben de los fantasmas pero hacen lo posible por exteriorizar lo contrario. Sin embargo los niños no ven ni saben nada de los fantasmas y todo sería al final una creación una trama de suposiciones y paranoia de la institutriz que en cierto modo termina siendo la única que efectivamente experimenta y visualiza las apariciones fantasmales (podría decirse que ella sufre serias perturbaciones mentales). Existirían cinco argumentos para defender esta tesis:
La institutriz muestra ciertas tensiones incluso antes de llegar a la mansión de Bly a causa de la diferencia social. El hecho de que ella había quedado realmente impresionada -se podría decir enamorada- del patrón (tío de los niños). Sin embargo este le dijo contundentemente que no lo podía molestar por ningún motivo (es como un hacha cortante). En la historia menciona que ella era hija de un padre anglicano. Ya nos imaginamos cómo ha de haber sido cuidada en su infancia. Debe haber sufrido cierta presión porque en esa época no se esperaba nada desagradable de una familia así. Está preocupada por si se llevará bien con las personas de la casa. El hecho de que ella unos días después de llegar a la mansión reciba una carta del director del colegio del niño para el patrón. Sin embargo el patrón se la vuelve a dar a ella y le recalca que no le pida ayuda ni le consulte nada. Esta carta contenía información sobre Miles el niño mencionando que era una afrenta para los demás y por esto había sido expulsado.
En cierto modo la capacidad interminable de "Otra vuelta de tuerca" hace posible interpretar reinterpretar y acomodar todo de acuerdo a cada forma de ver.