De Sobremesa
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in embargo hay una peculiaridad en la novela del poeta colombiano: De sobremesa no llegó a los lectores a quienes iba dirigida. Cuando en 1896 José Asunción Silva se suicidó la obra era todavía un manuscrito (recuérdese que una primera versión se había perdido un año antes en un naufragio y el poeta tuvo que volver a escribirla). Sólo en 1925 se publicó el libro en la editorial bogotana Cronos es decir cuando el horizonte temporal y literario de la novela ya había cambiado totalmente2.
El eco de la obra fue por consiguiente escaso3. De hecho la justipreciación general de Silva que precisamente desde aquellos años empezó a consolidarse de modo definitivo no descansó en el reconocimiento que se tributó a su novela sino en la significación que se concedió a su obra lírica en el surgimiento y la expansión de un Modernismo al que entonces se conceptuaba ante todo como un movimiento poético4. Sólo a través de un trabajo muy posterior de Juan Loveluck De sobremesa alcanzó el completo reconocimiento que merecía5 y al que se fueron uniendo los de otros críticos6.
Por todas esas circunstancias sólo es posible conjeturar acerca de la recepción de la novela entre los contemporáneos del autor. Tampoco se sabe lo que pensaba éste sobre su texto: en la reducida obra del poeta no se hallan datos con respecto a De sobremesa. Únicamente existen algunas notas sobre las condiciones de la escritura en ese momento así como configuraciones paralelas en otros escritos del autor colombiano, por ello el análisis en este aspecto depende por completo de la novela misma. Para la reconstrucción del sentido esto no representa un obstáculo pues la obra contiene una multitud de puntos de orientación para el lector al cual se propuso alcanzar. Si se examinan con cuidado esos puntos será posible acceder a su intención de sentido cuya reconstrucción se expondrá en las páginas que siguen. Para ello se mostrará en qué contextos literarios situó el autor a De sobremesa. Después de este análisis puede proponerse una interpretación que relacione a la novela -más allá de su orientación literaria- con aquellas tendencias de la realidad latinoamericana que condicionaron el surgimiento de su modo de escribir.
Ahora bien se podría recordar que en 1895 Amado Nervo había publicado El bachiller7. Pero esta novela corta que forma parte de los primeros textos en prosa del modernista mexicano mostraba de un modo sólo tangencial algunas de las características del fin de siècle europeo8. Están ausentes de ella en particular la recepción y la asimilación de las experiencias formales y temáticas esenciales del Naturalismo. Sobre todo la manera de narrar delata un cierto desconocimiento del imperativo de objetividad obligatorio desde Flaubert y a propósito de cuya incipiente revisión se empezaba entonces a cuestionar la forma naturalista de narrar9. Las descripciones del paisaje libres desde tiempo atrás de su mera función como trasfondo decorativo siguen siendo en Nervo de naturaleza meramente bucólica. Y tiene que parecer por lo menos discutible el supuesto de que el autor mismo pretendiera con esa obra -más allá de las esporádicas concordancias con el fin de siècle- algo más que un acercamiento a aquella exposición de los conflictos entre una voluntad mística de santidad y los ímpetus y «apetitos carnales» que por ejemplo en España se hizo cada vez más común en el curso de la discusión sobre el Naturalismo pero que sólo de una forma incidental se relacionaba con la creciente tendencia a la espiritualidad de fin de siècle10. Ciertos puntos de contacto en el contenido llaman la atención con respecto sobre todo a La Regenta sin que en Nervo se alcance la intención de sentido de la novela de Clarín. Por ejemplo Pradela la ciudad ficticia de la provincia mexicana en la que Felipe el bachiller efectúa sus estudios teológicos recuerda claramente a la también ficticia Vetusta. La similitud se vuelve especialmente obvia cuando el narrador habla de la «fisonomía medieval» de Pradela11. Si bien es cierto que México contaba (y aún cuenta) con una serie de ciudades donde se conserva una arquitectura colonial es en cambio imposible hablar sobre ellas -ahora o entonces- de un aspecto «medieval», como se sabe el carácter de esas ciudades sólo se configuró en los siglos XVII y XVIII. Lo que ocurre es que justamente en La Regenta hay una reiterada referencia a la impronta medieval española característica del viejo recinto de Vetusta. Tampoco el conflicto espiritual del bachiller es ajeno a la novela de Clarín, en cierto modo parece incluso tomado de la heroína epónima. En suma podría ser justo advertir en el texto de Nervo tanto la reelaboración de muchos modelos literarios como las siempre mencionadas experiencias personales del autor