Carta que se Encontró a un Ahogado
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¿Me pregunta usted señora si me burlo? ¿No puede usted creer que un hombre no haya sentido jamás amor? Pues bien: no no he amado nunca nunca.
¿De qué depende eso? No lo sé… Pero no he sentido jamás ese estado de embriaguez del corazón que llaman amor. Jamás he vivido en ese ensueño en esa locura en esa exaltación a que nos lanza la imagen de una mujer ni me vi nunca perseguido obsesionado calenturiento embebecido por la esperanza o la posesión de un ser convertido de pronto para mí en el más deseable de todos los encantos en la más hermosa de todas las criaturas más interesante que todo el universo. En mi vida he llorado ni he sufrido por ninguna de ustedes. Tampoco he pasado las noches en vela pensando en una mujer. No conozco ese despertar que su pensamiento y su recuerdo iluminan. No conozco tampoco la excitación enloquecedora del deseo cuando se le espera y la divina melancolía sentimental cuando ella ha huido dejando en el cuarto un perfume sutil de violeta y de carne