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Clásicos de la literatura mundial

Eugenia_Grandet

Cuento o libro · n.º 152 de 171 · desde 12 años · Lectura

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Félix Grandet tonelero retirado y otro alcalde de Saumur que ha prosperado valiéndose de un sentido para los negocios acompañado de una enorme avaricia y aprovechándose de la inestabilidad de la época que le ha tocado vivir en sus años de trabajo además de haber recibido herencia de madre suegro y suegra en el mismo año hace creer a su mujer a su hija Eugénie y a la sirviente Nanon que no son una familia de posición desahogada y viven todos en una casa cochambrosa cuya reforma evita él, mientras se dedica a acrecentar su fortuna.

Muchos varones del lugar que intuyen la fortuna del señor Grandet ven en su hija el mejor partido y dos notables pretenden emparentar con la familia por medio de la muchacha: uno es el señor Des Grassins banquero de Félix que quiere casarla con su hijo Adolphe, el otro es el señor Cruchot abogado de Félix que quiere casarla con su sobrino Cruchot des Bonfons. La familia del banquero y la del abogado visitan con asiduidad a los Grandet y Félix las enfrenta para sacar provecho de ello. Eugénie permanece ajena a todos estos tejemanejes.

Un día de 1819 se presenta al atardecer en casa de los Grandet el hijo de Guillaume hermano de Félix. El joven Charles que ha sido enviado a casa de Félix por un padre que es un rico negociante de París en bancarrota que planea suicidarse entrega a su tío una carta confidencial. En ella Guillaume pone al corriente de su situación a su hermano Félix.

Charles es un tarambana que mantiene una relación sentimental con una mujer casada y ha venido a casa de su tío aunque mandando por el padre pensando en abrirse camino. Al poco de su llegada se publica en los periódicos la noticia de la bancarrota y el suicidio del padre. Félix considera a Charles una carga y tiene la intención de enviarlo a ultramar. Por su parte Charles encuentra consuelo en el trato con su prima Eugénie y se enamora de ella al igual que ella de él. La muchacha da parte de su dinero al primo para que le sirva de ayuda.

Félix intentará sacar provecho de la desgracia de su hermano y le dice a Cruchot des Bonfons que liquidará ese negocio para salvar la bancarrota y el honor de la familia. Cruchot des Bonfons se ofrece a ir a París para llevar a cabo las gestiones si corre con los gastos Félix. En mitad de la conversación aparece el banquero Des Grassins y enterado del asunto se presta a encargarse de ello por su cuenta sin que tenga que hacer desembolso Félix que acepta.

Hechas la gestiones los acreedores recuperan un 46%. Ignorando las demandas hechas para que pague el resto Félix saca provecho de él.

Charles de vuelta de uno de sus viajes confía un bargueño con fotos de sus padres a Eugénie: para ella el mueble será un objeto sagrado.

Más adelante Félix monta en cólera al enterarse de que Eugénie ha entregado a Charles parte de su peculio en monedas de oro. Al saberlo cae enferma la esposa de Félix y éste resuelve que su hija permanezca encerrada en su cuarto a pan y agua.

Con el tiempo Félix se entera de que Eugénie será quien herede la mitad del patrimonio de la enferma así que hace las paces con su hija y accede al casamiento de Charles con ella. Pero tras la muerte de la esposa persuade a su hija de que renuncie a la herencia materna y se la deje a él. Más tarde Félix fallecerá contemplando el dinero que posee.

En 1827 ya muertos Félix y su esposa Charles vuelve de otro de sus viajes y escribe a Eugénie a la que ya no ama para solicitarle el divorcio ya que él para medrar en política acercándose al rey va a casarse con una joven de familia aristocrática venida a menos, Charles envía además un talón en pago por el dinero que le dio en su día Eugénie más ni se preocupa de saldar las cuentas de su padre. Eugénie desolada por la noticia y por enterarse de que ya llevaba Charles un mes en el país cuando hizo expedir la carta y el talón le manda el bargueño que guarda las fotos familiares.

Eugénie toma entonces la decisión de casarse con Cruchot des Bonfons y así se lo hace saber a éste pero le impone dos condiciones: la primera es que ella permanecerá virgen y la segunda es que él habrá de ir a París a satisfacer en nombre de ella las deudas de Guillaume Grandet.

Así lo hace Cruchot des Bonfons y Charles al conocerse ambos se da cuenta de que Eugénie es poseedora de una gran fortuna circunstancia que no advirtió cuando vio la casa en la que habitaba su prima y en la que tan poco tiempo pasó él.

Cruchot des Bonfons desposa a Eugénie con la esperanza de hacerse muy rico. Muere joven no obstante y es Eugénie quien acrecienta su fortuna al sumarle todo lo que hereda de él. Sintiéndose a pesar de ello muy desgraciada le dice a la sirviente Nanon que ella es la única que la quiere y vive en la misma penuria que la acompañó toda la vida aunque sin la obsesión que tenía su padre por el vil metal. Se dedica a las obras de caridad y queda en el aire al final de la historia un posible casamiento con el marqués de Froidfond.

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